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LA RUBIECITA

jueves 16 de octubre de 2008

Y Pucha! Qué difícil es contarlo - aseguraba. Desde luego, no es cosa de todos los días. Claro, porque es así en Lima, la ciudad donde nadie sabe quién es quien. Puedes ser tan normal o tan sano; tan puto o tan puritano; tan honorable o tan pendejo. Tan rico o tan pobre; tan high o tan cholo.

Porque aunque ahora el billete manda, la clase social todavía tiene algunos remanentes de fuerza, sobre todo en ciertas zonas de Lima. Marvin conocía todo tipo de tonos, desde el más monse hasta el más ficho. Para eso, ya había estado en varias fiestitas de alrededor, donde parece provincia, donde las cholitas bailan a su antojo porque saben que todas son así como ellas, y donde a nadie le interesa si se lavaron los pies, o si se cambiaron de ropa, o si acaso se han echado desodorante. Pero asimismo, estuvo en el otro lado, con más charm, arregladito, con rock y varias buenas flacas, donde sí era una nota diferente.


Porque en esos tonitos fichitos, del mismo modo hay de todo. Desde patitas rubicundos, con ternitos - algunos medio torrejas - elegantes y oliendo bien, con posesitas entre mañoseras y engreídas. Hasta las tías, fajaditas y apretaditas también, pero comestibles algunas (contaré luego de las viejas pitucas). Y por supuesto, flaquitas, con vestiditos finitos, zapatitos de tacos altos, de colores suaves, traiditos de Estados unidos o de Europa. Todas bien maquilladitas, con la espalda descubierta, que dejaba ver las pequitas atractivas, de esas que provoca contarlas una a una con toda calma, ya se imaginarán cómo, pues hasta la ropita interior era finita, con ornamentitos detallados y anatómicos para que ajusten la voluptuosidad, y para cubrir la exquisitez. Con peinados súper fichos, que las hacían ver unas muñequitas. Garbosas y riquísimas, en todo sentido.


Pero no faltan de entre esas chiquillas Light, algunas en busca de un tipo salvaje, pendejín. Tienen enamorado, pero te chequean en la fiesta porque a pesar de que tu ternito del Jockey Plaza no es el más fino, tienes cara de mañosón, de militar desenfadado, de albañil castigador. Con ganas de acariciar sin permiso, de besar con frenesí, de abrazar con vigor. Y claro! Eso quieren esas rubiecitas, porque sus enamoraditos, aunque se las chapan y de vez en cuando se las levantan, más andan pensando en sus tablitas hawaianas, o en quitarle la camioneta a sus viejos, o en el cd de Madonna o en otras idioteces de las que tienen en mente los de billete. Y esperan tu mirada, como diciendo: "ven, afáname que ya me cansé de los rubios y castaños, y mando a la eme a mi enamorado, además está borracho con el Whisky del viejo, y porque mis amigas no dirán nada. Anda! Sácame a bailar aunque sea la Bilirrubina, para moverme para ti y que veas lo que soy y lo que te puedo dar".

Aún suena la música. Algunos fuman por allí. Hasta los tíos, entre rubios y cenizos, están en onda, bigotudos varios de ellos, alucinando europeos, pero bien vestidos. Blazer blanco, zapatitos del mismo color, camisita italiana; dorados y gruesos relojes, caritos.

También son mañosos, porque se levantan a sus secretarias o a algunas chibolas a cambio de criarlas como hijas, desde luego, fuera de casa. No se sabe cómo hacía Marvin para caer transitoriamente en esos tonos, pero varias veces estuvo. En ocasiones con Jorge, porque también era pendejo, igual de sutil, pero con su estilo propio. Cómo entraban a esas fiestitas? Es un secreto suyo, luego me lo contó. Porque en Lima hay de todo - eso me lo decía siempre, y es verdad. La flaquita estaba buena, más alta que Marvin, por cierto. Vestido de seda, zapatos franceses de color del vestido, taquitos altos, que la hacían ver más piernona y le levantaba el fino derriere. Pechitos no tan abultados, pero blanquitos con pequitas, y coposos. La cabellera rubia, ojos claros, cara de calenturienta, pero linda. Él, a un lado, seriedad de puto, manos en los bolsillos, con su camisita de color oscuro seda veneciana, sin corbata, terno entallado, borceguíes militares, lustraditos también, mirando la multitud, e identificando a la gente. Fabricando la ambigüedad de que si era machito o gay solapa, eso servía. Viendo también cómo el enamoradito imbécil hacía sus ridiculeces producto del Whisky de su viejo, de esos que cuestan un huevo de plata. Y esperaba el momento, se hacía el que andaba en otra cosa, pero la miraba, no para que ella se dé cuenta, sino las amiguitas, riquitas también, de piecitos y potito finos; de tal manera que ellas le digan a Fiorellita Burga Rebagliatti que el pelado que parece oficialito militar la estaba chequeando, y que hoy puede chapar con él. Anda! No seas cojuda, no está mal. Un poco chato, pero ya pues! Qué pierdes!. Además es militar, debe estar en cuarentena, arriolaza, y estará fogosazo!, Además mira a tu pareja. En efecto, Lazlito estaba zampadazo, no sabía quién chucha era!. Los demás patas no se metían, estaban en lo suyo, y Fiore (así la llamaba su gentita, con tono nice) estaba con las amiguitas, una de ellas era la más alta de todas, Katiuska, súper despachadita, con un vestido negro, igual que el color de sus medias, buenazazaza.

Llegó la hora de la acción, porque hay que hacer las jugadas previas para que llegue el gol. Los dos estaban dispuestos. La mirada de Fiorella era elocuente, disimulando porque vaya a ser que el Lazlito estúpido se dé cuenta. Sonó un Baby, don´t forget my number, de Millie Vanilli, y la sacó. Marvin no era cojudo, tenía su clase cuando lo tenía que demostrar, no era apitucado, pero le ligaba hacerla de fichón, de categoría media. No era militar, pero sabía que para el alucine de aquellas chibolas lo tenía que ser, y seguía el cuento. Ella se hizo la disforzada al principio, como para medirlo, lo típico. Luego la conversa, cómo te llamas?, qué haces? Entre otras cojudecitas que sólo servían de preámbulo y protocolo para lo obvio. Fiore, mientras bailaba sensualmente (porque estaba en casa, y allí quién mierda le diría nada), lo miraba como diciendo: Vamos soldadito, chápame de una vez, que me arde la piel, llévame al patio, donde está oscurito, que te quiero para mí, aunque la idea sólo fuese una locura para ella. Nada despreciable la mujercita. Él, siempre pendejo, con su estilo también, de tez blanca, cabellito corto, de rostro raro, frentón, pero bañadito y oliendo bien, a una exótica pero intensa colonia de cuyo nombre mantenía en misterio.

Nada podía perder, como siempre. La casa grande, refinada, con jardín y piscina. Los perros estaban atados a los lejos, y la orilla de la pileta era un lugar genial. Lazlito, oh! El imbécil se dormía, mientras sus patas hablaban las huevaditas de siempre. Enséñame la casa, sí? - decía Marvin finamente. Claro! Huevadita también, pero era como decirle: vamos al jardín para regarte la parvada. Ella asintió porque quería, la casa era inmensa podía perderse dentro de ésta. El pisco sour la encendió, y también la mórbida cara de Marvin. Las otras flaquitas, riquitas también, hacían guardia, sonriendo. Ta que se pasó Fiore. Dónde está? U! Se llevó al milico al jardín, pendeja! El pelao tiene cara de mordedor. - A mí parece medio cabro! Sí, pero de esos que parecen y no lo son resultan ser lo mejores. Además, mírale las piernas, parece de la caballería. - Entonces , provecho!

Era singular lo que haría su apitucada amiguita. No siempre llega un tipo de tan lejos a La Molina (desde Lince. A una hora en auto) Caminaba con ella con sus manos en los bolsillos, de repente preparando la bolas... que iba a decirle. Bien fino era entonces. Lo que seguía era obvio. Esa fiestita high terminaba en lo mismo: tuquitos zampados, tías regalonas, viejos jateando en fino licor, y chibolas haciendo de las suyas. Todo era normal, por qué? Porque estaban en Lima, y Lima es eso. Para Marvin una flaca más que se levantaba (Jorge se agarró a otra hembrita en esa fiesta) Porque los chapes y levantes, no son exclusividad de Lima, ni de Chiclayo, ni de Trujillo, ni del billete, ni de la clase social. Ta qué cherry, amigas - contaba la rubicunda chiquilla, algo arrochada pero extasiada - agarré con un cachaquito, con un soldadito pendejo - mientras se mordía los labios. Viva el ejército peruano, carajo!

Fragmento de la novela “Maldito Paranoico”

EGOÍSTA

miércoles 23 de enero de 2008

Soy un hombre egoísta, lo reconozco. Cuando era pequeño me dijeron que tenía que compartir mis juguetes, pero me resistía. Por qué mis cosas valiosas las tengo que entregar a los demás - aunque sea un pequeño instante - aquellas pequeñas chucherías que guardaba con celo y pasión? No, no quise hacerlo nunca. Y por qué tendría que hacerlo ahora?

Soy un hombre egoísta, porque quiero ser el único que desea vivir esta sensación tan rica e inefable que siento por ti. Soy un hombre egoísta porque quiero robarte el aliento, hacerlo mío y respirar de ti, por eso a veces te beso y me apropio de tu oxígeno hasta que enrojezcas. Y porque también quiero arrancarte el gran suspiro de tu vida, hacer que veas las estrellas, los planetas y el sol cuando estamos juntos.

Soy egoísta porque quiero apoderarme de tus pensamientos, de cada hebra de tus sueños, de tus deseos, desde los más nobles hasta los más sicalípticos, y porque pretendo que conozcas la bondad y la malicia de la mano conmigo, hacerte cómplice de mis fechorías, de mi morbo, de aquellas cosas que jamás en tu vida pensaste o imaginaste hacer nunca, que la hagamos juntos con frenetismo, como adolescentes, como si no existiera el resto del mundo, hasta dejarte extasiada, cansada, desarmada y desbaratada, que me digas que ya no puedes más. También quiero que seas prófuga conmigo de esta relación aún escondida, no por el temor ni la vergüenza sino por la noble y elevada razón del amor, fuerza que nos hace capaz de hacer cosas imposibles, y de las cuales ninguna acción que hacemos juntos ha fracasado hasta ahora.

Soy un hombre egoísta porque detesto tus momentos tristes, aunque hayan sido sólo tuyos, porque los odio con furia, y deseo desaparecerlos de manera definitiva. Soy egoísta porque no quiero lágrimas en tus mejillas más que de felicidad, y tampoco quiero tu dolor a menos que se trate de nuestros juegos locos. Soy egoísta porque quiero meterme con una profundidad no antes experimentada en tu pasión, en tu mente, en tu corazón, en tu ternura y en tu lujuria. Además quiero enseñarte el cielo azul aunque ya lo hayas visto, y el mar y la noche estrellada aunque ya los conozcas, para mostrártelos en una dimensión que nunca has percibido ni sentido, llevarte al sol, hacerlos testigos de mi proposición: ser uno siempre. Sólo di que sí, que aceptas.

Soy un hombre egoísta porque no quiero darte nada de mí, simplemente quiero ser completamente tuyo, que es mucho más, y recordarte cada mañana cuando despiertes que estoy aquí, que vigilo tus sueños porque quiero espiarlos para meterme en ellos. Y porque quiero estar sólo para ti, porque mi egoísmo me produce desearte cada mañana, como un día nuevo, viéndote tal como eres, con esa desnudez que me fascina, con ganas de atravesar las fronteras de tu piel, de todo tu ser, y que no sea sólo algo diurno sino también vespertino y nocturno, hasta arrancarle el último segundo a cada madrugada. Que me narcotices con tu cariño, afecto, pasión y quedarme en ti.

Soy egoísta porque quiero que cada día me ames más, me tengas presente en cada canción que escuches, en cada ficción que recibas, en cada ilusión que experimentes, en cada deseo que se te ocurra, aún cuando cierres los ojos. Soy egoísta porque quiero ser el hombre de tus sueños, tu príncipe, tu protector, tu mejor amigo, tu novio, tu esposo, y beberme tu energía, gota a gota. Soy egoísta porque no quiero que me dejes nunca, que seas eterna en mí, que me pertenezcas siempre, en mi ficción y mi realidad, porque quiero ser el único dueño del amor y gritar el fuego que empiezo a sentir de sólo pensarte. También porque quiero secuestrarte y llevarte lejos, aunque sean lugares locos o disparatados, donde me lleven mis instintos para amarte, y luego de eso seguir amándote más, sin descansar un instante.

Soy egoísta porque quiero que cada momento que estemos juntos sea verano, sea nuestro aniversario, que se santifique aquel lugar donde te besé y se haga feriado ese día veinticuatro de Larcomar, donde por egoísta te asalté, te reduje facinerosamente, te apunté al rostro y te disparé un fulminante beso inolvidable. Después de eso no llegó la policía, ni el serenazgo, ni la emergencia médica. Debieron haber fuegos artificiales, bandas de música, serenata y pasacalles, porque así quiero que se viva cada unos de nuestros días. Y que no sólo seas mi enamorada, mi novia, mi esposa, sino también mi amante, mi amiga cariñosa, mi mucama, mi enfermera, mi bailarina, mi ninfómana, mi cortesana, y que cada día seas siempre algo más. Pero también deseo que seas esa niñita de antaño que compartía conmigo su algodón de azúcar en el parque del jardín de infancia, con tu mandilito gris y tu botón blanco de nuestra aula, cuando me besabas con inocencia en la mejilla, aunque yo pusiera mis labios atrevidos. Eso cuando jugaba contigo en mi mundito mágico, el que aún conservo desde hace años en una vieja lonchera para ti.. allí en el centro de mi corazón.

Soy egoísta. Pero qué curioso! Pareciera paradójico porque cada día te obsequio mi ilusión, cada día me haces tuyo con fineza, cada día me robas mi verdad y mi mentira en cada escrito mío, y porque te entrego mis locuras, mi díscola mente, mis más íntimos secretos, mi pasión, mi perversión, mi sentimiento, cada uno de mis operativos juguetes y mi corazón. Te entrego mi energía, mi polución, mi voz, mi ph, mi calor, mi revolución, el punto más alto de mi ebullición hasta mojarte con mi piel. Y porque siempre pretendo decirte que eres el amor de mi vida y que no es casualidad encontrarte, sino que de alguna manera mágica y sutil te busqué y al fin te encontré, y ya estás a mi lado. Sin duda, estabas destinada para mí así como yo para ti, nada de esto fue un error.

Por eso mi cholita linda, a un año de estar juntos y ser uno, te digo que sigo soñando y me arriesgo a perder. Y también te pido en mi egoísmo: sólo ámame.. ahora y siempre. Atrévete a mi amor. A un año de estar juntos te amo más mi Merce.

LA CHIRA

lunes 7 de enero de 2008

La Chira es una playa de mierda. Queda al otro lado del morro solar, al norte, pasando una playita usada por militares. Sus aguas marrones y turbulentas revientan en olas espumosas, amarillentas, repulsivas, mientras los avechuchos merodean la ribera, llena de residuos, de plumas, de inmundicia. La arena es melosa, espesa, pajillosa. Muy cerca hay viejas casas de playa, sucias y asquerosas, nada comparado con las playas de Asia donde pasé mi verano anterior.

Queda a unas cuadras de Los Cedros, donde casi a diario merodeo como un perro vagabundo, como suelen comportarse los varones infectados con ese extraño y masoquista virus llamado amor. Y me gusta la infección. Me he convertido en un adicto a sus efectos narcotizantes, estupidizos, alucinantes, efervescentes, enamoradizos y libidinosos.

Desde luego, no me interesa caminar un poco hasta allí en la compañía de quien deseo para recibir por las tardes sus generosos y tenues rayos de sol. Porque al margen de ser una horrible playa, el mar me transporta, me alucina, me recuerda lo pequeño y grande que soy, lo frágil y poderoso, lo noble y pervertido, lo maquinal y humano.

Y mando a la mierda a la pituquería de Asia y sus playas, ya no tengo dinero para pasar otro verano allí, ni menos, como hasta no hace mucho, para pagar un hotel con tina y agua caliente donde hacer reventar mis hormonas con frenesí. Mi chola es resistente y comprensiva. Además está cerca de su casa, nos ahorramos el pasaje y con los tapercitos de almuerzo economizamos de pagar dos menús.

La tarde es linda, ni frío ni calor bochornoso. Amor, la sopita de choros con cangrejos estuvo buena, creo que aquí alguien no se salva. Acaso me la invitaste a propósito? Aquí en Chorrillos los mataderos son asquerosos, y están algo distantes. No hay lugar, mi vida y este caldito me ha energizado. Anda! No me digas que no, así no vale. Sí, ya sé que hay gente aquí y qué? También sé que la arena es repugnante, finalmente nadie es tan púdico en este lugar, entonces por qué nosotros sí?

Me encantas, vida, esa sonrisita de complicidad me vigoriza. Ya! Qué xuxa! Para mí no será complicado sacar el paquete. De una vez mi amor, nadie nos ve. Contra! Me encanta tu pantalón blanco, quiero una copia masculina para mí, blanquito, finito, exclusivo, traidito de Venezuela, pero ahora lo detesto y odio con vehemencia, el tiro es pequeño lo mismo que la cremallera y no me deja estar en ti. Intento pero tienes que bajártelo un poquito, cariño.

Ya cholita, qué linda! Esos pescadores están en lo suyo, ni caso nos hacen. Una bajadita mientras te cubro con mi polera. Mmm me gusta. Rico! Uy esa tía nos vio y te escuchó gritar y eso me calentó más. Pero qué importa! O nos envidiará o seguirá en su trote, lo mismo que la gente que camina de paso. Veo tu rostro enrojecido, una mixtura de sonrisa y furor, me fascinas, me activas cada hormona, y ni este cielo que nos cubre ni el mar que nos observa es más grande y más amplio que este concupiscente encanto que vivo contigo. Me siento un alborotado adolescente en su primera erección. No importa que llegue la policía, el serenazgo, indecopi, sunat, la cia o la interpol. Como diría la canción “si mi delito es tirar, me declaro culpable mi amor”. Viva la playa, viva esta asquerosa ribera.

No me interesa volver a Asia porque mi novia no está allí este verano sino aquí en Chorrillos, debajo de mí mientras veo oscurecer el opaco cielo costero. La Chira es una playa de mierda, pero qué mierda! Se siente tan rico aquí con mi cholita linda.

NAVIDAD MENTIRA

jueves 20 de diciembre de 2007

La Navidad es, quizás, para la mayoría de quienes la celebran, la festividad más apreciada y esperada por todos. Los regalos, nacimientos, árboles, panetones (u otras comidas según la zona), abrazos, deseos, una gratificación económica, reunión laboral, cena, fuegos artificiales, etc. Lo demás siempre queda en un plano secundario, pues aunque digan que no es así, el supuesto protagonista que dicen es Jesús queda como un extra más en la película.

Y desde luego, no es difícil darse cuenta al ver la publicidad, que muestra el máximo símbolo de la navidad actual: Papa Noel (Santa Claus). Y por qué? Sin duda porque él sí vende. Quiénes se benefician más de esta costumbre del que pocos conocen su origen?

Hay algo innegable, incluso para el mundo religioso: Jesús no nació un 25 de diciembre. Pero hay aún cosas que pocos saben de esta costumbre. Los llamados “Reyes Magos” no eran tres, no eran reyes, ni eran magos (puede buscar cualquier versión de la Biblia y comprobarlo). El historiador judío Claudio Josefo no dice en ningún momento que los seguidores del cristianismo del primer siglo celebraran la fecha de nacimiento de Jesús, ni por reconocimiento. Ellos recordaban lo que su maestro sí ordenó memorar: su muerte.

Pudiera parecer saludable querer ofrendar un día para sentir el espíritu de la llegada del Mesías, pero sin embargo fueron los paganos romanos quienes celebraban las “saturnales”, y esperaban con júbilo el “Natalis Solis Invicti” un 25 de diciembre y que la iglesia – como último recurso - la adoptó y maquilló como la celebración del nacimiento de Jesús, hasta el día de hoy.

Es patente que el espíritu navideño de antaño ha ido desapareciendo entre las personas, y se torna en muchas familias (aunque lo nieguen) en una costumbre ritualista. Lo cierto es que todos los años vemos con esperanza la Navidad y cada vez nuestra sociedad hereda más fenómenos sociales: padres irresponsables, hijos rebeldes, cónyuges desamorados, entres otras lacras, que muchas veces aparentan una imagen honorable. Además, Jesús acaso sigue siendo un niño indefenso que espera que un sólo día del año se acuerden de él, y que los miembros de las familias desunidas y atrofiadas se abracen y besen, al estilo Judas?

Muy al margen de lo religioso, que es una respetable decisión de cada persona, lo que no debe pasar desapercibido es que el gran emporio comercial es quien mejor saca partido de esta festividad. El movimiento económico es más grande, la oferta y la demanda se acentúan y las personas compran en un mundo cada vez más mercantilista. El espíritu navideño ahora es un espíritu comercial y económico. No es el que la publicidad nos ofrece al comprarles un producto, que pudiera ser paz, armonía, perdón, unión, etc. No, Porque las familias peruanas y latinoamericanas están cada vez más desunidas, los fenómenos sociales son más latentes y dejan secuelas muy tortuosas en la colectividad. El perdón y la paz son sólo un cliché que nos impulsa subliminalmente a comprar un regalo o producto para la celebración, la autocomplacencia o la vanidad, como si con un abrazo, beso o regalo pudiesen compensarse el desamor y daño.

Pero aún peor, es muy triste que la Navidad, para muchos latinoamericanos pobres, se convierta en una época de angustia al no poder cubrir las necesidades de una celebración digna. Los pueblos indígenas siguen siendo pobres en Sudamérica, muchas zonas de esta parte del continente no tienen paz ni en diciembre ni en otra época del año.

El índice de pobreza en Perú aún es mayor al 40%, millones de personas no saben lo que es pasar nochebuena, sino muchos días de desnutrición, de angustia, de abusos y de duro e infructuoso trabajo. Ni qué decir del casi millón de personas en pobreza extrema que viven en la sierra. Para ellos una taza de chocolate es un lujo que quizás ni los fines de diciembre puedan degustar. En departamentos como Huancavelica y Puno la pobreza extrema no se supera con una feliz navidad.

Pero lo más indignante es que, aunque no existieron esos denominados “tres reyes magos”, en nuestro país y continente están los reyes que se enriquecen a costa de la pobreza y el sudor ajeno. Los gobernantes y padres de la patria malditos, mordaces y perversos. Aquellos que son los primeros en exaltar la efervescencia navideña, pero que le roban a su pueblo, los aniquilan con sus ineptitudes, corrupción y robo desvergonzado. Borrachos en su poder, siguen extrayendo de nuestras tierras, de nuestro trabajo para sí mismos y para sus lacayos. Aquellos congresistas de la república que cobran completa su gratificación navideña, mientras los jubilados, profesores y demás sólo una pizca de sus remanentes.

Así sucede con los demás poderes, ministerios, alcaldías y demás organizaciones públicas y privadas. Esos son los papanoeles barrigones, que regalan pobreza un día para quedarse con los 364 restantes. Los magos de la coima, el hurto, el cohecho, la inmoralidad. Esos cenarán pavo con panetón para llenar sus panzas angurrientas, mientras en las alturas rurales los niños mueren por desnutrición, y mientras muchas personas desvalidas no tienen quien los defienda, del mismo modo mujeres y niños son víctimas del abuso doméstico de los machazos. Esos son la lacra humana de nuestra sociedad, los demonios de saco y corbata, los Herodes de escritorio, las bazofias de nuestra cultura. Pero aquí no pasa nada. “Es navidad y nadie dice nada”. Así es el espíritu que opera en estos días.

No les deseo feliz navidad, les deseo felicidad todos los días del año.

CHISMOSAS

martes 4 de diciembre de 2007

Aquel día me dispuse a continuar escribiendo un nuevo ensayo sobre un lugar del norte peruano donde trabajé. Había salido de casa a comprar y cuando regresé mi cuñada había usado la computadora durante mi ausencia. Quizás por la premura de leer su correspondencia antes de mi regreso no se percató que dejó abierta su cuenta de correo electrónico. Desde luego, iba a cerrarla como era apropiado, pero tenía un mensaje abierto ante mis ojos. El contenido visto en pantalla llamó mi atención.

Muy respetuoso de la privacidad, me disponía con buena intención a cerrar la ventana y continuar mi trabajo porque la comunicación personal no me incumbe, menos aún si es de la esposa de mi hermano. Pero lo que vi no era nada privado ni personal. Era una suculenta descripción y comentarios de los acontecimientos locales desde Madrid, de una amiga suya.

Por una parte disfruté la lectura de aquel mensaje, nada sofisticada, ni profunda, pero atractiva, rica y pegajosa de aquella mujer peruana casada con un español hace poco y con hijo encima. Pero luego me di cuenta que en ese mismo cuadro tenía transcrito automáticamente una serie de envíos anteriores. En un mismo mensaje estaba el legado de una seguidilla de cartas electrónicas con relatos y contrarespuestas de estas dos perfectas chismosas. Y yo, ni tonto ni perezoso, sobre todo recontra chismoso, me dispuse a leer. Que me perdonen si se enteran pero soy un metiche aficionado a leer lo que no me imcumbe.

La lectura por otro lado no me producía tanto bienestar. Me preguntaba con envidia cómo este par de chismosas pueden cautivar mi interés como lector, y cómo pueden escribir tan sabrosamente las comidillas, chismes, noticias, suposiciones, datos, visiones, conjeturas, dimes y diretes? Me sentía una zapatilla como escribidor. Será sólo por la información o es que tenían un aguda tendencia literaria? Estas chismosas, ambas con un hijo a cuestas, podrían dar apertura a un blog en la Internet o un sitio web conteniendo sus mensajitos, para que toda la ola de lectores falaces y seriecitos se derritan con sus disparatados testimonios sobre sus esposos, amigas, vecinas, conocidas, etc. Que las nuevas parejitas, los últimos cuernos, las barrigas crecidas, las dietas frustradas, las tetas, los celos, las choteadas recientes, los despechos, moqueos y demás cojudeces se conviertan en un fino caviar mientras se degusta la lectura en cada uno de sus párrafos.

De hecho, también me ganaba con los datos precisos de lo que pasa aquí mismo en Lince, sobre algunos viejos conocidos a los que no veo ya. A ver si aparece algo de mí, me decía. Indagaba entre tanta correspondencia junta para ver si aunque sea salgo de extra en esos capitulitos de novela. Pero nada, ya no soy tan popular como antes. Se fueron mis grandes tiempos en que todos, más aún todas, querían conocerme y saber de mí. Ni una maldita línea de este paranoico escritor que tiene cada vez menos lectores en su blog gratuito. Seguro que saco uno de los mensajes de mi cuñada y su homóloga amiga y me llenaré de lectores. Cómo es que el chisme no sólo vende, sino que cautiva, embeleza y arrebata al seducido como toro al degüello?

Pero me apacigua un poquito que sólo haya leído el contenido de un solo envío, el que estaba abierto. No me atreví a abrir otros mensajes de la bandeja. Era suficiente ese resumen de diálogos a distancia que hasta el mismo Platón se impresionaría. Mi cuñada y su amiga deberían ser escritoras. Me ganan, debo reconocerlo. Pero qué mierda! Hay letra para todos. Eso me pasa por chismoso. Bueno, y qué! Estaban bien bacanes esos comadreos.

SINVERGÜENZA

lunes 29 de octubre de 2007

No me da vergüenza: soy sinvergüenza. Y aunque en todas las cosas no estoy orgulloso de serlo precisamente, tampoco me retraigo. De hecho lo soy más que antes, y lo veo como una gran ventaja antes que una ignominia. Y sé que decirlo no será del agrado de muchos puritanos, falsetes y mojigatos de este farsante sistema, cuyas secretas horripilancias las tienen refundidas en la doble vida o se hacen de la vista gorda en la irrealidad de su pulcritud.

No me da vergüenza, por ejemplo, despertarme a más de las once de la mañana a desayunar mientras leo el periódico o ver televisión con comodidad sabiendo que más tarde tendré listo el almuerzo. Dormir después de las dos de la mañana luego de ver los Munsters en canal cuarenta, o ver en la pc algunas fotos y clips que tengo guardados. Menos aún me da vergüenza ver porno, sobre todo si es de Silvia Saint, y reconocer que soy un impetuoso pero discreto coleccionista de sus fotografías y vídeos.

No me da vergüenza decir que soy un pervertido fetichista, ser asiduo aficionado a la lencería femenina, y desgastarme horas revoloteando tiendas y bazares de la ciudad en busca de alguno que le guste a mi novia, pero sobre todo a mí quien de sólo verla usándola lo disfruta más. Y la variedad va desde un babydoll hasta unas medias de encaje o pantys, conjuntamente con zapatos de tacos altos que me derriten en el acto y exacerban mis hormonas con erógeno frenetismo, además de poner en marcha con reciedumbre mi material hidráulico. No me avergüenza ninguna de mis concupiscentes, lujuriosas, libidinosas e indecentes fantasías eróticas.

No me da vergüenza estar desempleado en esta ciudad de Lima, la bestia de diez millones de cabezas. Ser parte de la estadística real de quienes no tenemos un sueldo fijo ni contamos con seguro social. Tampoco de vender algunas cosas de mi casa al ropavejero para obtener algo de dinero. Menos todavía de pedir un sencillo a mis hermanos para mis pasajes o para invitar a mi novia un emoliente por la noche. Aunque eso no significa que no tenga ingresos económicos, claro que los tengo pues mis pervertidas y sicalípticas aficiones carnales son prioridad en mi presupuesto, y la fineza que merezco es costosa.

Tampoco siento vergüenza de no ser nacionalista ni patriota. De decir que no amo a Perú, ni a Lima, ni a Chiclayo, ni a Lince, ni a ningún lugar del mundo. De no haber votado por Machu Picchu como maravilla del mundo moderno ni creer que Perú sea más grande que sus problemas. No siento vergüenza de no estar orgulloso de ser latinoamericano. Tampoco me avergüenza no apoyar ningún partido político, aunque el tema me fascine, de no tener religión y de decir que me falta fe.

No me da vergüenza salir con mi novia a escondidas de su madre, porque aunque somos honestos, adultos y libres de compromisos como para ocultarnos de ella, es la sublime y elevada razón del amor la que hace que no le digamos la verdad aún, pues su madre le produciría mucho más problemas de los que ya tiene. No tengo vergüenza tampoco de que mi cholita me dé dinero algunas veces, me proporcione ropa, me invite a comer y que pague ocasionalmente la cuenta del hotel cuando estamos juntos.


No me da vergüenza divertirme de la gente, ser chismoso, mentiroso, pervertido, pendejo, caminar descalzo por las avenidas cuando deseo, agarrarle el trasero a mi novia en la calle y cargarla en lugares públicos aunque a veces se le vea el hilo dental, preguntar por calzones, tangas, brasieres o toallas higiénicas femeninas en las tiendas, no peinarme ni lavarme la cara o andar barbudo, ver en televisión lazy town, backyardigans, girls of the playboy´s mansión, escuchar la pituca del tongo, hacerme el dormido para no pagar pasaje en el transporte público, no ceder el asiento a las personas mayores, entusiasmarme cuando escucho los pasos de unos tacos de mujer (eso dice mi chola), sacarme los mocos con los dedos, ser grosero e irrespetuoso cuando me da la gana, orinar en la calle, deberle más de un año a mi proveedor web, vender cosas a sobreprecio, cutrear los vueltos en casa, tirarle cabeza a Saga Falabella a propósito, asustarme cuando mi flaca tiene antojos y no le viene a tiempo, llamarla a su casa por cobrar y quedarme largo rato conversando, ni de piratear cable, Internet y teléfono en mi casa.

No me avergüenza haber: comido en carretilla, dormido en la calle, nadado desnudo en la playa y en una piscina pública, sapeado cuando niño a mi vecina calata, pagado por ver streaptease en vivo, usado por necesidad ansiolíticos y antidepresivos, asistido a terapias psiquiátricas, sido choteado en peru21 como columnista, quedado penúltimo en mi última competencia de natación, sido pésimo alumno en la secundaria, realizado una prueba de vih por temor de sospecha.

No me produce vergüenza no ser un hombre de éxito, no haberle ganado a nadie, no ser un triunfador, no tener prestigio en nada, no ser un escritor reconocido, no ser un gran profesional, no haberme casado aún ni comprado un auto, y que mi patrimonio esté en cero. No me da vergüenza escribir y publicar este artículo porque no me dará vergüenza si no les gusta o nadie lo lee.

Maldito Paranoico

miércoles 12 de septiembre de 2007

Marvin es Maldito Paranoico. Maldito Paranoico es Marvin. Es escritor, es pervertido, es fetichista, es sinvergüenza y neurótico. Marvin escribe sus artículos y los publica, aún tiene proyectos de ensayo y novela que está terminando. Cada vez menos personas lo leen. Sus temas son inusuales, pero originales. Marvin ha sido nadador, conferencista, instructor de natación, técnico en computadoras, profesor de escuela secundaria, administrador, asesor educativo. Colecciona fotos y vídeos de Silvia Saint y Aria Giovanni. Reconoce que es mañoso pero no depravado ni obsceno. Su perversión es fina, selecta y sobre todo discreta. Marvin ha tenido tratamiento psiquiátrico en varias oportunidades, ya no las necesita pues está venciendo por sí mismo la neurosis que lo aqueja ocasionalmente. Es un tipo dócil y razonable pero con carácter y temperamento.

Marvin es libre. Es tolerante con las mixturas pero fija sus propios límites. No es nacionalista, ni patriota, ni peruanista. No se cree ni aspira a ser un escritor o intelectual reconocido. Menos aún muere por la parafernalia literaria. Marvin no pertenece a ninguna religión pero cree que Dios existe aunque le falta fe. No ha tenido éxito con sus anteriores parejas, ahora siente que esa mala racha terminó. Le interesa mucho la política y la educación latinoamericana y mundial pero no es docente ni partidario. No le hace la patería a nadie. Es honesto cuando comenta un tema y mentiroso cuando escribe una novela o cuento. Tiene muchos proyectos que desarrollará. Quiere vivir y disfrutar todo lo bueno que haya en el universo. Marvin está desempleado desde hace aproximadamente cinco meses, pero como nunca antes en su vida está tranquilo y feliz.

Maldito Paranoico detesta Lima pero vive allí. No sabe por cuánto tiempo y, aunque suene paradójico, no tiene mucho interés en irse a otra ciudad o país. Marvin duerme hasta las diez u once de la mañana. Escucha música y lee el periódico en sosiego mientras desayuna al mediodía. Tiene ganas de nadar pero le resulta difícil porque en Lima cuesta caro, de modo que lo hace ocasionalmente. Sigue escribiendo con un frenético placer, con un espasmo indescriptible, es parte de su vida. Se baña en agua helada porque no tiene terma en casa. Lava en una lavadora automática, no plancha su ropa y en la tarde tiene listo el almuerzo. Usa un teléfono móvil sólo para que lo llame su novia.

Marvin siempre tiene dinero en el bolsillo, y cuando no lo tiene lo consigue, sobre todo si es para estar con su cholita, quien lo calienta en el frío limeño. Ella lo tiene hecho un baboso, pero como él no es machista no le molesta eso. También lo tiene afiebrado y exaltado hormonalmente. No es celoso y disfruta de estar a su lado. Ella le da todo, desde cariño hasta dinero. Lo ama y respeta mucho, hasta lo mima, lo engríe y lo consiente, lo deja trapo. Ella le hace la vida más feliz aún. Marvin se siente muy cómodo con su rutina, aunque prefiere algo más latente e impetuoso. Así es porque ha aprendido a disfrutar de cada situación de la vida: la holgura y la premura, la carencia y la abundancia, la soledad y la compañía, la quietud y el ajetreo.

Maldito Paranoico ha vivido cosas de las que no se arrepiente. Ha disfrutado su juventud con plenitud, recuerda casi nada de su niñez a pesar de que su novia le remembra cosas, ya que se han conocido desde niños. Las decisiones y hechos desacertados e infortunios de su pasado no lo perturban sino que le dejan múltiples enseñanzas. Ha trabajado desde pequeño y desde muy joven ha sido independiente y autosuficiente. Siempre ha pagado sus cuentas, aunque tiene una que a propósito no la cancela en una gran tienda comercial. A pesar de eso es responsable. Es deportista, no toma, no fuma, pero le fascina desquiciadamente el sexo. Tiene pocos amigos y ama sólo a un grupo reducido y selecto de personas.

Marvin ama la vida, como nunca antes. Es libre, como nunca antes. Es pendejo, como nunca antes. Es honesto, como nunca antes. Ama, como nunca antes. Es feliz, como nunca antes. Y escribe como nunca antes. Marvin es el personaje principal de mi novela Maldito Paranoico. Te llegará a fascinar, te lo puedo asegurar.