martes 8 de mayo de 2007

PERVERTIDO

Debo reconocerlo. Además estoy en una etapa de honestidad, la que no sólo se circunscribe a mi trabajo literario. Y no porque me fascine escribir concupiscencias, aquella delicia mórbida por describir las mixturas erógenas de todo nivel, no. Tampoco porque como escritor he quedado sin lectores y tengo que recurrir a una suerte de estrategia para mantenerme en el terreno literario. Menos, por supuesto, aquella aberrante frialdad de utilizar las indecencias propias e íntimas para vender un escrito. Sino que a fin de cuentas, cuál es el problema? Y en efecto, soy un pervertido, quizás no reparé que lo era hasta que comprendí más lo que ello implica.

Y sin duda, lo digo y reconozco, no con un sabroso y febril orgullo, como si la virilidad se reforzara con serlo. Tampoco diría que se trata de una jactanciosa presunción en las actividades amatorias. Sino que simplemente me he dado cuenta que la santurronería tiene una laguna enorme con el decoro y la dignidad misma. De modo que ya no me resulta deshonrosa ni vergonzante la verdad, aunque ello signifique ganarme una imagen distorsionada.

Y quizás evaluando algunas cosas entre mis filosofías divagadoras, mis dialécticas, certeras o banales, humanas en fin, aquella navegación astral por las neuronas más exaltadas de mi interior, donde se procrea mi sentir, mis pensamientos, mis ideas, desde las más triviales hasta las más profundas, es que reparo algunos detalles de mi historial furtivo.

Debo mencionar que he sido formado en una familia de alta moralidad, y sin duda, los buenos ejemplos han bordeado mi juventud. Pero también es verdad, desde pequeño (creo que cuando tenía seis o quizás antes) tenía un deleite extraño por las piernas de algunas tías, entre finas y choclonas de por allí o damas de paso, sobre todo si usaban tacos altos o medias de nylon, una mixtura extraña del placer y excitación infantil (empecé a creer en Freud) Pero eso ha sido lo de menos.

Y decir que soy pervertido no debería causar espasmos. No soy degenerado, ni violador, sino que no pretendo hacer subrepticio algo que para otras personas es un común denominador pero cuya pericia está en el ocultamiento, ya que he encontrado, en mis atrevidas incursiones por el tiempo, que muchas personas llevan una doble vida increíble, nunca lo sabemos, y distanciándome de éstas, aún con la discreción por bandera, no acometo encubrir ni esconder nada de mí.

Pues en efecto lo soy, reconozco por ejemplo tener (y hasta con cariño) una pequeña colección de fotografías y vídeos de la porno actriz Silvia Saint (uff la mejor!), además de algunas de Aria Giovanni, (es la que le sigue) Erica Rose Campbell, y de Gia Lashay, entre otras. Y claro! No queda allí, pues mi recorrido va más allá que navegar en la Internet. Bueno y ni qué decir de aquellas incursiones fantasmales por los night club limeños, cargadas de sobadas mañoseras, levantes a media caña, por pagar un asqueroso trago, mezcla de agua, coca cola y un vino chancho comprado en la plaza de Acho (que no tomaba por cierto). Las chicas, cara de cholitas o morenas, tarrajeadas de maquillaje, con tangas coloridas y botas tipo Kiss, escarchadas de brillo, haciendo movimientos rimbombantes, mientras movían el culo y sus demás voluptuosidades en la cara, a la luz tenue del neón azul y al aroma a sudor, pichi y licor barato. En la capital se te permite eso, es que es “la ciudad de los reyes”, la Lima de mierda que detesto.

Y espectaba con interés angurriento los cinco bailes de a sol, mientras palabreaba a una de las putitas de por allí. Claro! Quién va a creer que sentirán algo por sus parroquianos, pero es una rara funcionalidad que te da un plus. Y desde luego, saliendo, no dejaba de ver los traseros, ni aún en las calles del centro, donde pululan putas feas y demás inmundicias. Mi visión batracia no solo era nocturna, sino diurna y vespertina, calzando las tetas y los rabos de cuanta fémina pase.

Pero sin duda, no se asuste señor, señora, no tengo cara de depravado (quizás al contrario, suelo ser tierno y zanahoria), ni miro con insistencia, pues he aprendido a fotografiar mentalmente y con una agudeza excitante cada pose que veo en la acera. Me basta una chequeada simple y discreta para calcular con precisión la anatomía femenina, volumen, densidad, tamaño, consistencia y todos los detalles que bordean aquellas partes del cuerpo femenino, delicia de todo mañoso y pervertido como yo. Y desde luego, las mañas selectas no abarcan sólo aquellas partes voluptuosas, no de hecho, esos son mitos generalizados (quizás para los depravados). Los pervertidos también vemos con buenos ojos una cara dulce, una vestimenta llamativa pero recatada, una sutileza, una mirada, un detalle, ese “no sé qué” que le ha dado una atracción indescriptible hasta a muchas feas.

Es menester aclarar mi predilección por las mujeres maduras, de modo que si tiene una hija, hermana, o sobrina o amiga menor de edad, pierda cuidado, que mi mañosería decae como la erección de un longevo. Y quizás mi trabajo en la educación con jovencitas impidió, paradójicamente, aquella atracción. Detesto las aberrancias y tufos de este violento mundillo, sobre todo si se tratan de menores de edad, de acosos y chantajes. Mis perversiones son finas y discretas, no me sobrepaso, y llego hasta donde se me permite, sin restar la dosis mágica de sensibilidad, sentido, entrega, cariño y afectos como un excelente aditamento esencial. Una perversión electiva, donde la testosterona no es un dictador perverso en mis actos, sino un agente sensitivo soberano, espontáneo, mágico y estimulante.

Las fantasías también conforman mi visión viciada y mañosera en el vertiginoso placer erógeno: en la fémina pareja, una casualidad voyeur, algún original uniforme de enfermera, maestra o mesera, y sin duda, la multicolor lencería, con los acabados más finos y sutiles que haya, que incluye (no faltaba más) un fino calzado alto.

Qué vergüenza, no? No, no la tengo, por qué? Acaso no le preguntó (si es dama) a su esposo, novio, enamorado, si le pasa igual? Acaso usted mismo (si es caballero) no tiene perversiones más amorfas que las mías? En realidad existen más cosas para contar, que resultarían inexplicables, sin parangón e inefables (pero exquisitas), algo que detallaré más adelante. Los dejo, tengo que descargar las nuevas fotos de Silvia Saint.


Original de:

malditoparanoico
Escrito y publicado en mi web personal el 04/02/2007

3 comentarios:

un tal Rumaña dijo...

no es ningun problema ser pervertido, a las mujeres les gustamos asi, posiblemente a Saint tambien.
y de pervertido a pervertido.... ya quisiera ver esa coleccion tuya de fotos y videos.

p♠blo dijo...

pues la verdad es ke me ha agradado mucho que haya encontrado a alguien que tal vez comparta ciertas cosas, como esta...
quiero aclarar que no sé ni su origen de el autor de este señor, aunque me agradaria poder converzar con él.
le dejo mi saludo atentamente desde uruguay.
p♠blo

malditoparanoico dijo...

HOla! agradezco los comentarios. Si desean contactarse con este pervertido pues sólo escriban a malditoparanoico@hotmail.com. hasta la vista.