Aquel día me dispuse a continuar escribiendo un nuevo ensayo sobre un lugar del norte peruano donde trabajé. Había salido de casa a comprar y cuando regresé mi cuñada había usado la computadora durante mi ausencia. Quizás por la premura de leer su correspondencia antes de mi regreso no se percató que dejó abierta su cuenta de correo electrónico. Desde luego, iba a cerrarla como era apropiado, pero tenía un mensaje abierto ante mis ojos. El contenido visto en pantalla llamó mi atención. Muy respetuoso de la privacidad, me disponía con buena intención a cerrar la ventana y continuar mi trabajo porque la comunicación personal no me incumbe, menos aún si es de la esposa de mi hermano. Pero lo que vi no era nada privado ni personal. Era una suculenta descripción y comentarios de los acontecimientos locales desde Madrid, de una amiga suya.
Por una parte disfruté la lectura de aquel mensaje, nada sofisticada, ni profunda, pero atractiva, rica y pegajosa de aquella mujer peruana casada con un español hace poco y con hijo encima. Pero luego me di cuenta que en ese mismo cuadro tenía transcrito automáticamente una serie de envíos anteriores. En un mismo mensaje estaba el legado de una seguidilla de cartas electrónicas con relatos y contrarespuestas de estas dos perfectas chismosas. Y yo, ni tonto ni perezoso, sobre todo recontra chismoso, me dispuse a leer. Que me perdonen si se enteran pero soy un metiche aficionado a leer lo que no me imcumbe.
La lectura por otro lado no me producía tanto bienestar. Me preguntaba con envidia cómo este par de chismosas pueden cautivar mi interés como lector, y cómo pueden escribir tan sabrosamente las comidillas, chismes, noticias, suposiciones, datos, visiones, conjeturas, dimes y diretes? Me sentía una zapatilla como escribidor. Será sólo por la información o es que tenían un aguda tendencia literaria? Estas chismosas, ambas con un hijo a cuestas, podrían dar apertura a un blog en la Internet o un sitio web conteniendo sus mensajitos, para que toda la ola de lectores falaces y seriecitos se derritan con sus disparatados testimonios sobre sus esposos, amigas, vecinas, conocidas, etc. Que las nuevas parejitas, los últimos cuernos, las barrigas crecidas, las dietas frustradas, las tetas, los celos, las choteadas recientes, los despechos, moqueos y demás cojudeces se conviertan en un fino caviar mientras se degusta la lectura en cada uno de sus párrafos.
De hecho, también me ganaba con los datos precisos de lo que pasa aquí mismo en Lince, sobre algunos viejos conocidos a los que no veo ya. A ver si aparece algo de mí, me decía. Indagaba entre tanta correspondencia junta para ver si aunque sea salgo de extra en esos capitulitos de novela. Pero nada, ya no soy tan popular como antes. Se fueron mis grandes tiempos en que todos, más aún todas, querían conocerme y saber de mí. Ni una maldita línea de este paranoico escritor que tiene cada vez menos lectores en su blog gratuito. Seguro que saco uno de los mensajes de mi cuñada y su homóloga amiga y me llenaré de lectores. Cómo es que el chisme no sólo vende, sino que cautiva, embeleza y arrebata al seducido como toro al degüello?
Pero me apacigua un poquito que sólo haya leído el contenido de un solo envío, el que estaba abierto. No me atreví a abrir otros mensajes de la bandeja. Era suficiente ese resumen de diálogos a distancia que hasta el mismo Platón se impresionaría. Mi cuñada y su amiga deberían ser escritoras. Me ganan, debo reconocerlo. Pero qué mierda! Hay letra para todos. Eso me pasa por chismoso. Bueno, y qué! Estaban bien bacanes esos comadreos.
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