lunes 7 de enero de 2008

LA CHIRA

La Chira es una playa de mierda. Queda al otro lado del morro solar, al norte, pasando una playita usada por militares. Sus aguas marrones y turbulentas revientan en olas espumosas, amarillentas, repulsivas, mientras los avechuchos merodean la ribera, llena de residuos, de plumas, de inmundicia. La arena es melosa, espesa, pajillosa. Muy cerca hay viejas casas de playa, sucias y asquerosas, nada comparado con las playas de Asia donde pasé mi verano anterior.

Queda a unas cuadras de Los Cedros, donde casi a diario merodeo como un perro vagabundo, como suelen comportarse los varones infectados con ese extraño y masoquista virus llamado amor. Y me gusta la infección. Me he convertido en un adicto a sus efectos narcotizantes, estupidizos, alucinantes, efervescentes, enamoradizos y libidinosos.

Desde luego, no me interesa caminar un poco hasta allí en la compañía de quien deseo para recibir por las tardes sus generosos y tenues rayos de sol. Porque al margen de ser una horrible playa, el mar me transporta, me alucina, me recuerda lo pequeño y grande que soy, lo frágil y poderoso, lo noble y pervertido, lo maquinal y humano.

Y mando a la mierda a la pituquería de Asia y sus playas, ya no tengo dinero para pasar otro verano allí, ni menos, como hasta no hace mucho, para pagar un hotel con tina y agua caliente donde hacer reventar mis hormonas con frenesí. Mi chola es resistente y comprensiva. Además está cerca de su casa, nos ahorramos el pasaje y con los tapercitos de almuerzo economizamos de pagar dos menús.

La tarde es linda, ni frío ni calor bochornoso. Amor, la sopita de choros con cangrejos estuvo buena, creo que aquí alguien no se salva. Acaso me la invitaste a propósito? Aquí en Chorrillos los mataderos son asquerosos, y están algo distantes. No hay lugar, mi vida y este caldito me ha energizado. Anda! No me digas que no, así no vale. Sí, ya sé que hay gente aquí y qué? También sé que la arena es repugnante, finalmente nadie es tan púdico en este lugar, entonces por qué nosotros sí?

Me encantas, vida, esa sonrisita de complicidad me vigoriza. Ya! Qué xuxa! Para mí no será complicado sacar el paquete. De una vez mi amor, nadie nos ve. Contra! Me encanta tu pantalón blanco, quiero una copia masculina para mí, blanquito, finito, exclusivo, traidito de Venezuela, pero ahora lo detesto y odio con vehemencia, el tiro es pequeño lo mismo que la cremallera y no me deja estar en ti. Intento pero tienes que bajártelo un poquito, cariño.

Ya cholita, qué linda! Esos pescadores están en lo suyo, ni caso nos hacen. Una bajadita mientras te cubro con mi polera. Mmm me gusta. Rico! Uy esa tía nos vio y te escuchó gritar y eso me calentó más. Pero qué importa! O nos envidiará o seguirá en su trote, lo mismo que la gente que camina de paso. Veo tu rostro enrojecido, una mixtura de sonrisa y furor, me fascinas, me activas cada hormona, y ni este cielo que nos cubre ni el mar que nos observa es más grande y más amplio que este concupiscente encanto que vivo contigo. Me siento un alborotado adolescente en su primera erección. No importa que llegue la policía, el serenazgo, indecopi, sunat, la cia o la interpol. Como diría la canción “si mi delito es tirar, me declaro culpable mi amor”. Viva la playa, viva esta asquerosa ribera.

No me interesa volver a Asia porque mi novia no está allí este verano sino aquí en Chorrillos, debajo de mí mientras veo oscurecer el opaco cielo costero. La Chira es una playa de mierda, pero qué mierda! Se siente tan rico aquí con mi cholita linda.